Mi doctrina / Adolf Hitler

Costo para la República mexicana $230 envío incluido
Costo para EUA, Canadá, Centroamérica y caribe 21 dólares
Europa 20 euros
Sudamérica 25 dólares
Envíos incluidos
Envíos a todo el mundo.
Pags 116
Peso 280 gr.


El libro Mi Doctrina está destinado a dar una idea exacta y completa de la doctrina nacionalsocialista elaborada y aplicada por Adolf Hitler.
Ha sido compuesta enteramente con escritos, proclamaciones y discursos oficiales de Hitler. Cuantitativamente, la parte más importante fue tomada de Mein Kampf. Nada más normal, puesto que, contrariamente a una idea bastante difundida que presenta al nacionalsocialismo como una construcción de carácter afectivo y empírico, la revolución hitleriana es, entre las revoluciones antidemocráticas, aquella en que se ha visto aplicar más exactamente, hasta en el detalle, los principios expuestos por el jefe del movimiento revolucionario. Lo esencial del Estado nacionalsocialista se encontraba prefigurado en Mein Kampf.
No obstante, Mein Kampf fue compuesto entre 1924 y 1926. Desde esa época, en innumerables discursos y proclamaciones, Hitler, teniendo en cuenta la evolución de las fuerzas económicas y políticas en el mundo, introdujo en la doctrina nacionalsocialista elementos que completan o modifican ciertas afirmaciones doctrinales de Mein Kampf, o, inclusive las invalidan o reemplazan. Esos elementos nuevos están todos incluidos en la presente obra.

Prólogo a la edición española

Han transcurrido ciento veinte años desde que Adolf Hitler viniera al mundo un 20 de abril de 1889 en Braunau am Inn, una villa austríaca fronteriza con Alemania. Aquel niño, cuyo destino sería liderar una lucha titánica por la cosmovisión indoeuropea, fue fruto del matrimonio entre Alois Hitler y Klara Pölzl, un funcionario de aduanas y una mujer de mirada resplandeciente de la que heredó la totalidad de sus rasgos faciales.
La finalidad de este humilde prólogo no es entrar en detalles sobre su biografía, sino rendirle un tributo en el 120º aniversario de su natalicio. No obstante, si el lector está interesado en profundizar en dicha materia, debe saber que se trata de una figura víctima de un vituperio sin precedentes en la historia, por lo que es frecuente toparse con documentación tergiversada. Si tuviera que mencionar tres obras que sin lugar a dudas se libran del falseo mediático, yo destacaría tres: "Adolfo Hitler, mi amigo de juventud", de August Kubizek, donde describe todas sus inquietudes artísticas, así como sus características anímicas. Impresiones éstas que recoge el autor basándose en las vivencias entre los años 1904 y 1908, siendo éste el más importante testimonio acerca de su vida, pues si bien es cierto, relata sólo una parte de su juventud, se deduce su personalidad y se comprende mejor su actitud y hasta su ideología, que años después, profundamente marcado por la Gran Guerra, desarrolló, primero como político y después como estadista.
Otra obra destacable es "Hitler, La Marcha hacia el Reich" de Léon Degrelle, una excelente visión histórica sobre el NSDAP y su líder desde 1918 hasta 1933, donde uno descubre el Hitler de los años de lucha, años en los quedó patente su talento como orador y su ilimitada capacidad combativa, de la que el mundo entero fue testigo a partir de 1939. Un tercer título muy recomendable es "Yo quemé a Hitler" de Erich Kempka, el Sturmbannführer de la SS que fuera su chófer durante trece años, escribió este fantástico libro que no es sino un documento histórico de primer orden, en el que no sólo habla de los últimos días del Führer, también nos ofrece una interesante perspectiva sobre su persona y sus circunstancias. Después y no antes de haber leído estas tres obras, recomiendo la lectura de "Hitler, años desaparecidos" de Ernst Hanfstaengl, uno de sus camaradas más allegados en los albores del NSDAP.
Se trata de un libro en el que hay que discernir entre aquellas afirmaciones basadas en la realidad y otras muchas que dada su incoherencia, deben ser el resultado de la intervención de Peter Lewin, responsable de la edición original, a quien no debemos considerar un honesto editor sino un propagandista al servicio de los vencedores.
Sobre la presente obra "Mi Doctrina", se trata de una síntesis de la ideología nacionalsocialista compuesta por fragmentos de "Mi Lucha" complementados por contenidos de los más trascendentales discursos de Hitler hasta 1938, año de la primera edición francesa autorizada por el NSDAP. El hecho de que "Mi Lucha" incluya algunos párrafos ofensivos para con Francia fue el motivo de una negativa alemana respecto a la autorización de una versión francesa. Pero en este texto se aprecia la superación del resentimiento alemán en el periodo de entreguerras del que data "Mi Lucha". Quizá estemos frente al primer gesto verdaderamente europeísta, una señal que vaticinaba la evolución del nacionalsocialismo, que alcanza su punto álgido a partir de 1943 y en la que se afirma la necesidad de unión de todos los pueblos arios contra el enemigo común.
En cualquier caso, lo que a los nacionalsocialistas nos interesa saber en el 2009, son los aspectos doctrinales que debemos preservar a cualquier precio, porque si hay algo claro en Occidente, es que de ninguna manera Europa ni sociedad blanca alguna, despertará mediante las formas del nacionalsocialismo alemán de los años 30. Las formas estéticas, la simbología, los rituales e incluso la propia denominación "nacionalsocialismo", son los aspectos temporales y externos que no pertenecen a la esencia cosmovisional, es más, nada de esto fue lo que hizo grande al nacionalsocialismo. Por el contrario, lo que hace del NS una Weltanschauung y no una mera corriente política, son los aspectos metafísicos de la doctrina, es decir: el honor, la lealtad, el culto a la sangre, la libertad espiritual, la capacidad de crear, el arte como elevación, la autosuperación, el socialismo ético. Todos estos conceptos no son otra cosa que valores y éstos son atemporales, no exclusivos de los años 30, por lo que nuestra causa es una lucha de valores, como escribiera Alfred Rosenberg.
De todo esto se deduce que los valores eternos de nuestra raza no fueron creación de Adolf Hitler, ni nacieron con él, ni con él murieron. Incido en esto para advertir de lo vano que resulta un desmesurado culto a su persona. El Führer luchó por conceptos superiores a él mismo, los mismos por los que nosotros libramos un combate sin ninguna esperaza de victoria a corto plazo. Es por esto que no debemos caer en el personalismo, pues nuestra concepción está por encima de cualquier persona, incluido Hitler. Es incuestionable que habrá un antes y un después de Hitler, que nos marcó un camino y que desenmascaró al eterno enemigo, demostrando que el mundo se mueve según sus designios particulares. Este pintor austriaco fue la pieza maestra de una "maquinaria" que cerca estuvo de salvar a la humanidad de las garras del materialismo globalista, en el que el individuo se abstrae de su comunidad racial y pasa a ser ciudadano del mundo.
La lucha, ¿qué es la lucha?, la lucha es lo único que da sentido a la vida. ¿Cómo podemos luchar hoy los nacionalsocialistas? Preparándonos en todos los sentidos, sobre todo en el intelectual, debemos recuperar nuestra intelectualidad. Mientras la cultura y el conocimiento esté en manos del enemigo, toda revuelta, toda acción política será estéril. Si las cátedras universitarias están ocupadas por el adversario, y las editoriales y publicaciones, dirigidas por enemigos de nuestra raza, la derrota es segura. Si abriésemos un frente de lucha cultural en estos ámbitos, no debería preocuparnos tanto el poder mediático de Hollywood, pues abríamos creado una élite de la cual podría surgir una capa dirigente que luchase en el plano político y movilizase a las masas blancas que aún existen. A estas alturas, esta es nuestra única esperanza.
Luchar hasta el límite de nuestras fuerzas, esta es otra de nuestras características. Hitler no se planteó la rendición jamás, circunstancia que le hizo ser incomprendido entre varios miembros de la élite militar alemana. Éstos no pudieron asimilar la mística de la guerra, eran militares, en cambio, Hitler era un guerrero. Él escribió un capítulo dorado en nuestra historia, pero no el último. Preparemos a las futuras generaciones para abrir otro capítulo, nuestra raza no perecerá sin antes dar lo mejor de ella.
Esto la hará resucitar, si finalmente consiguen aniquilarla. En lugar de recrearnos con la marcialidad de los desfiles, con los símbolos y los saludos, quedémonos con el último mensaje del Ministerio de Propaganda, cuando tras haber sido derrotados exclusivamente en el plano militar, Berlín, convertida en ruinas, apareció repleta de carteles que rezaban: Cedieron nuestros muros, pero no nuestros corazones.


Diseño de portada Harry Conan


No hay comentarios:

Publicar un comentario